Hoy en día, puede uno tener una mascota y ser un auténtico
profesional en cuanto a su cuidado. Se ha avanzado muchísimo, el
mercado se ha especializado y de qué manera, y ahora puede uno hacerse
con productos prácticamente personalizados para su compañero
cuadrúpedo. Sin ir más lejos, no son pocas las marcas que, aprovechando
la condición de omnívoros de los perros y los gatos, ofrecen menús muy
concretos para determinadas edades, pesos o incluso razas, por lo que
si se apuesta por el alimento seco (en detrimento de la dieta BARF o
similar), se puede hilar muy fino. Tanto, que a veces puede ser un
dolor de cabeza. Todo lo que sigue son elementos que pueden ser
relevantes a la hora de elegir correctamente el alimento (seco) para
vuestra mascota:
Energía
Una de las claves para que el
perro reciba una correcta alimentación pasa por satisfacer sus
necesidades energéticas y proteicas diarias, que se calculan mediante la
energía metabolizante con el fin de obtener un estado óptimo de su
cuerpo. Por supuesto, eso significa que cada animal tendrá unas
necesidades distintas en función de su raza y la cantidad de ejercicio
que realice. Y hay que andarse con ojo, puesto que normalmente los
piensos comerciales aportan mucha (demasiada) proteína, y una mala
combinación proteína-energía puede dar pie a problemas de hígado y
riñones, así como a un empeoramiento de las deposiciones.
Estado físico
La
apariencia óptima de vuestra mascota pasa por un cuerpo sano, atlético.
Es decir, que no se le vean las costillas, pero sí se le puedan palpar
con los dedos al acariciar su cuerpo. Tanto para ese estado físico, como
por debajo (que se le vean las costillas, o peor aún) o por encima
(exceso de peso o directamente obesidad) del mismo, hay cantidades y
variedades de pienso distintas. Y es que el peso en sí del animal es un
factor fundamental a la hora de elegir su comida. Tanto el actual como
el que se desea obtener. Cabe recordar que todos los piensos llevan una
tabla de raciones diarias que hay que consultar, para adaptar las
cantidades diarias en relación al producto y a las necesidades
energéticas del animal (por ejemplo, si se trata de piensos de alta
gama, la cantidad a servir es menor, puesto que la mascota saca más
partido a lo que ingiere).
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